Escribiendo el futuro

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Tiempo estimado de lectura: 5' 54''

Por Jeffrey David Sachs

1 de febrero de 2013

ADDIS ABABA – ¿Qué le depara el futuro a la economía global? ¿Seguirán elevándose los estándares de vida en todo el mundo a medida que los países pobres de hoy den el salto tecnológico para alcanzar a los más ricos? ¿O la prosperidad se nos escurrirá entre los dedos a medida que la avaricia y la corrupción nos lleven a agotar recursos vitales y a degradar el medio ambiente del que depende el bienestar humano? La humanidad se enfrenta nada más y nada menos que al desafío de asegurar un mundo de prosperidad en lugar de un mundo que yazga en ruinas.

Como una novela con dos finales posibles, la nuestra es una historia que todavía debe escribirse en este nuevo siglo. No hay nada inevitable que conduzca a la difusión –o al colapso– de la prosperidad. Más de lo que sabemos –o tal vez de lo que nos preocupamos por admitir–, el futuro es un asunto de decisión humana, no de mera predicción.

A pesar de la actual crisis económica en Europa y en los Estados Unidos, el mundo en desarrollo ha sostenido un rápido crecimiento económico. Mientras que el Fondo Monetario Internacional prevé que las economías avanzadas crecerán solo 1,5% en 2013, se proyecta que el crecimiento de los países en desarrollo alcanzará el 5,6%. Las economías en desarrollo de Asia, que hoy marcan el paso del mundo, se espera que crezcan 7,2%, con un producto en el África subsahariana ampliándose a un saludable 5,7%.

Lo que está ocurriendo es tan poderoso como claro. Tecnologías que antes solo se podían encontrar en países ricos hoy pertenecen a todo el mundo. La cobertura de telefonía móvil en el África subsahariana, por ejemplo, ha pasado de tener prácticamente cero clientes hace 20 años a alrededor de 700 millones hoy. Y esos teléfonos están ayudando a acercar bancos, salud, educación, negocios, servicios de gobierno y entretenimiento a los pobres. Dentro de unos años, la mayoría del mundo tendrá acceso a banda ancha inalámbrica.

Aun así, también hay otra realidad. El último año fue el más caluroso que alguna vez haya sido registrado en los Estados Unidos. Las sequías afectaron al 60% de los condados estadounidenses, incluyendo los estados granero del Mediano Oeste y las Grandes Llanuras. En octubre, una extraordinaria “supertormenta” golpeó violentamente la costa atlántica a la altura de New Jersey, causando pérdidas estimadas en USD 60 mil millones. Los problemas climáticos (inundaciones, sequías, olas de calor, tormentas extremas, incendios forestales masivos y más) también causaron estragos en otras partes del mundo en 2012, incluyendo a China, Australia, Sudeste asiático, el Caribe y la región Sahel de África.

Estos desastres ambientales están ocurriendo con frecuencia creciente ya que son causados en parte por acciones humanas, tales como la deforestación, la erosión costera, la contaminación masiva y, por supuesto, las emisiones de gas de efecto invernadero, que están cambiando el clima del mundo y acidificando los océanos. Lo que es nuevo es que flagelos como el cambio climático –hasta no hace mucho descrito como una amenaza futura– ya son daños visibles y presentes. Los científicos incluso le han puesto nombre a nuestra era, el Antropoceno, en el que la humanidad (“anthropos” en griego) está teniendo un impacto a gran escala en los ecosistemas del planeta.

Aquí radica nuestro gran desafío, el que determinará si seguimos el camino de la prosperidad o el de la ruina. Los países en desarrollo que están creciendo rápido no pueden simplemente seguir el sendero de crecimiento económico que transitaron los países que hoy son ricos. Si lo intentan, la economía mundial empujará al planeta más allá de sus condiciones de funcionamiento seguro. Se elevarán las temperaturas, se intensificarán las tormentas, se volverán más ácidos los océanos y se extinguirá un vasto número de especies tras destruirse sus hábitats.

El hecho simple es que la humanidad se enfrenta a una elección extrema. Si los actuales patrones de crecimiento de la economía mundial continúan, nos enfrentamos a un desastre ecológico. Si la economía mundial acepta un nuevo patrón de crecimiento –uno que aproveche tecnologías avanzadas como smart phones, banda ancha, agricultura de precisión y energía solar– podemos propagar la prosperidad al mismo tiempo que salvamos el planeta.

Yo llamo al actual patrón de crecimiento la opción business as usual; el patrón de crecimiento de tecnología inteligente, en cambio, representa la opción de desarrollo sustentable. Business as usual puede funcionar durante un tiempo pero terminará en lágrimas, mientras que el camino del desarrollo sustentable puede conducir a una prosperidad de largo plazo.

Dicho esto, ¿qué hará falta para escribir el final feliz? Primero, debemos reconocer que, como una sociedad global, tenemos una elección por hacer. Business as usual es cómodo. Creemos que lo entendemos. Aun así no es suficientemente bueno: en nuestra trayectoria actual, la prosperidad de corto plazo viene con el costo de demasiadas crisis futuras.

Segundo, debemos reconocer las poderosas nuevas herramientas y tecnologías que tenemos a mano. Usando tecnologías de información avanzadas (computadoras, mapeo satelital, procesamiento de imágenes, sistemas expertos y más) ahora tenemos los medios para cultivar más alimentos ocasionando menos daño ambiental, mejorar la salud pública tanto para los ricos como para los pobres, distribuir más electricidad con menores emisiones de gas de efecto invernadero y hacer nuestras ciudades más habitables y saludables, incluso a medida que la urbanización incremente su población en miles de millones en las próximas décadas.

Tercero, deberíamos establecer audaces objetivos para los años venideros: extender la prosperidad y mejorar la salud pública al mismo tiempo que salvamos el planeta. Hace cincuenta años, el presidente estadounidense John F. Kennedy dijo que debíamos ir a la luna no porque era fácil sino porque era difícil –eso puso a prueba lo mejor de nosotros–. En nuestra generación, el desarrollo sustentable será nuestra prueba, alentándonos a usar nuestra creatividad y valores humanos para establecer un sendero de bienestar sostenible en nuestro superpoblado y amenazado planeta.

Yo estoy orgulloso y honrado de que el Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-moon me haya pedido que ayude a movilizar el expertise del mundo para lograr ese objetivo. Los mejores talentos de nuestras sociedades –en las universidades, los negocios, las ONG y especialmente entre los jóvenes– están listos para hacerse cargo de nuestros mayores desafíos y están uniéndose a la nueva Sustainable Development Solutions Network de la ONU. En los meses y años que se avecinan, estos líderes compartirán sus visiones de una sociedad global próspera y sustentable.

Traducción de http://www.project-syndicate.org/commentary/creating-a-sustainable-development-path-for-the-global-economy-by-jeffrey-d--sachs por Enfoque21.com.

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